La lucha por el diésel: Una familia vive en su camión esperando combustible
Las filas de camiones que buscan diésel se han vuelto una imagen común en los surtidores de Bolivia. Este desabastecimiento no solo retrasa la entrega de mercancías, sino que también pone en riesgo la salud y el bienestar de los conductores y sus familias, quienes deben esperar en condiciones difíciles.
La familia Peña es una de las tantas afectadas por esta crisis. Santos Peña, su padre y conductor, junto a su esposa Maribel Nogales y su hija, pasan horas en la cabina de su camión a la espera del carburante que les permita continuar su viaje.
La incertidumbre es un compañero constante durante la espera; Santos expresa su frustración al no saber cuándo podrá obtener el diésel. "No se puede conseguir combustible. Hemos llegado apenas y eso no se puede. ¿Qué vamos a hacer? ¿A quién nos vamos a quejar?", comparte.
La situación también conlleva un desgaste físico y emocional. La falta de alimentos y las condiciones de higiene inadecuadas agravan la experiencia de quienes se encuentran en las filas, convirtiendo la espera en una dura rutina.
Para la familia Peña, su camión ha pasado a ser más que un medio de trabajo; ahora es su hogar. "Nosotros venimos del campo, no tenemos casa. Aquí tenemos que esperar para que nos vayamos al camión. Que se cargue combustible", explica Maribel.
Originarios de la Chiquitania, su labor depende del traslado de productos como ganado y víveres entre diversas regiones. Sin embargo, a medida que las horas pasan, la situación se vuelve cada vez más difícil.
"Sentados en la cabina estamos durmiendo. Se sufre", afirma Nogales.