El Estado de Excepción facilitó el tránsito, pero la crisis persiste en el país
El Estado de Excepción instaurado por la administración de Rodrigo Paz permitió despejar las rutas más importantes de Bolivia, después de un extenso periodo de paralización. Sin embargo, esta medida no ha conseguido resolver las tensiones sociales, ya que varios grupos han comenzado a organizar marchas y bloqueos en desacuerdo con las políticas económicas del Gobierno.
El 1 de septiembre, la Confederación Sindical de Choferes anunció que se movilizaría tras la finalización del Estado de Excepción, citando problemas persistentes en el abastecimiento de combustibles. Lucio Gómez, su líder, criticó el Decreto Supremo 5676 y señaló que las largas esperas en las estaciones de servicio han aumentado a pesar de las medidas adoptadas.
Además, otros sectores como productores, transportistas y organizaciones campesinas están alzando su voz contra el mismo decreto. En el Trópico de Cochabamba se organizó una marcha programada para el 4 de septiembre, mientras que la Federación Norte de San Julián anunció que comenzará un bloqueo a partir de este miércoles.
El Gobierno defiende que el Estado de Excepción ha permitido restablecer la circulación en las carreteras y ha advertido que la Policía mantendrá el control si los diálogos no prosperan. Sin embargo, despejar las vías no implica necesariamente haber solucionado las razones detrás de los bloqueos.
Con el Estado de Excepción vigente hasta el 20 de septiembre, surge una interrogante: ¿realmente el Gobierno ha desactivado la crisis o simplemente ha conseguido tiempo al liberar las rutas?