El recorrido del agua que ilumina nuestros hogares
En los Yungas de La Paz, el agua desciende con fuerza desde las montañas, un fenómeno natural que se ha mantenido durante milenios. Este líquido vital fluye entre densos bosques, atraviesa quebradas y alimenta ríos que se dirigen hacia la Amazonía. Sin embargo, una parte de este recorrido es transformada para un propósito diferente: antes de continuar su camino, el agua es canalizada hacia un sistema de tuberías que la convierte en electricidad.
Este proceso se lleva a cabo en el Complejo Hidroeléctrico del río Taquesi, situado en el municipio de Yanacachi. Desde hace más de 20 años, esta central hidroeléctrica ha contribuido al Sistema Interconectado Nacional, siendo uno de los proyectos de energía hidroeléctrica privada más significativos de Bolivia. Con una capacidad cercana a los 90 megavatios, este proyecto es un claro ejemplo de cómo la fuerza del agua puede ser una fuente de energía renovable y confiable para el país.
El funcionamiento de una hidroeléctrica puede parecer complicado, pero el principio detrás de ella es bastante accesible: se trata de utilizar la energía contenida en el agua gracias a su altura. Gastón Lemaitre Leaño, gerente de Operaciones y Mantenimiento de Hidroeléctrica Boliviana, menciona que “una de las principales características de la hidroelectricidad es que permite almacenar energía en forma de agua, lo que la convierte en una alternativa eficiente sin necesidad de baterías”.
El proceso comienza en un reservorio, donde el agua desciende por canales y túneles diseñados para conservar la altura y así maximizar la energía. Este descenso controlado culmina en una tubería de presión, donde se produce la transformación inicial de energía potencial en energía cinética. Cuando el agua impacta los álabes de la turbina hidráulica, provoca su giro, lo que a su vez hace funcionar un generador eléctrico que convierte la energía mecánica en electricidad.
“En el rotor, se genera un campo magnético que facilita la inducción eléctrica en el estator, completando así la conversión de energía”, explica el ingeniero Lemaitre. Sin embargo, la electricidad generada aún no puede ser utilizada directamente en los hogares. Antes, debe ser elevada en voltaje a través de un transformador para minimizar las pérdidas durante su transporte, para finalmente ser integrada al Sistema Interconectado Nacional, que abastece la mayor parte del país.
La experiencia del Taquesi destaca que la hidroelectricidad puede avanzar con inversión privada y una visión a largo plazo. Comenzado por emprendedores bolivianos y posteriormente ampliado con aliados internacionales, el proyecto ha abierto nuevas posibilidades de financiamiento para la infraestructura energética, reafirmando su importancia en el contexto actual.
A pesar de que Bolivia cuenta con un potencial hidroeléctrico estimado en 40.000 megavatios, actualmente solo se aprovecha una pequeña parte de esa capacidad. Mientras se discuten estrategias para transformar la matriz energética del país, en los Yungas, el agua sigue su curso, y la electricidad se dirige en una senda diferente, iluminando hogares a lo largo de todo el país.