La Paz: entre política y tradición
La Paz, ubicada a 3.600 metros sobre el mar, vive momentos de intensa actividad política. Recientemente, la Asamblea Legislativa censuró al ministro de Economía, un tema que deberá ser resuelto en el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP). También se interpeló al ministro de Obras Públicas, quien admitió la crítica situación de la aerolínea BoA, mencionando incluso una posible quiebra. Sin embargo, más allá de estas cuestiones políticas, me enfocaré en lo que verdaderamente destaca: su gente y su paisaje.
La ciudad acaba de conmemorar 217 años de su grito libertario, aún cargando las secuelas de 53 días de bloqueos en las carreteras. A pesar de esto, La Paz se muestra vibrante, sin espacio para quejas o lamentos. Durante mi visita, me sentí alegre de redescubrirla, y llegué a la conclusión de que, en lugar de ‘ciudad maravilla’, la calificación de ‘increíble ciudad’ le queda mejor.
Caminar por las empinadas calles paceñas es realmente asombroso, al igual que disfrutar de sus deliciosos anticuchos y marraquetas. En este viaje, tuve la suerte de conocer a doña Cecilia, una mujer emprendedora que, con manos curtidas por el sol, prepara anticuchos frente a la iglesia San Francisco. Ella honra la tradición que le legaron su abuela y su madre, y se ríe ante las llamas que surgen de su parrilla cada vez que añade sus especias secretas.
También quiero rendir homenaje a doña María, una valiente conductora de taxi y camión que me llevó a mi destino con gran destreza y profesionalismo. Ambas mujeres encarnan la fuerza y la resiliencia de esta maravillosa ciudad, que a pesar de sus desafíos, sigue adelante con determinación.
La Paz es un reflejo de la resistencia y la cultura de su gente, un lugar que, a pesar de los obstáculos, nunca deja de sorprender. Con su vibrante vida urbana y su rica tradición, la ciudad se posiciona como un ejemplo de fortaleza y esperanza.